Sobre el culto mariano y el Reino de María a la luz de la doctrina católica
[Esta entrada está dedicada a la Santísima Virgen en la fiesta litúrgica de su Natividad]
Todos hemos visto alguna vez, por más lejana que sea nuestro sentir del de la Iglesia, el culto preciosísimo que se le tributa a la Santísima Virgen María.
Ya sea por medio del Rosario, tantas veces avalado en la Iglesia y las apariciones aprobadas por la misma, una imagen, una estampa o una medalla.... Dentro del sentir de la Iglesia el culto a la Virgen es aquel que, fuera de la adoración a Dios uno y trino, es de los más antiguos de nuestra fe. Un culto de especial admiración, llamado hiperdulía, que no es más que el deseo de la Iglesia de amarla a Ella como la amó Nuestro Señor en la tierra. Sobre esto dice san Maximiliano Kolbe: Nunca amaremos lo suficiente a María, pues nunca la amaremos tanto como la amó Nuestro Señor.
Todos hemos visto alguna vez, por más lejana que sea nuestro sentir del de la Iglesia, el culto preciosísimo que se le tributa a la Santísima Virgen María.
Ya sea por medio del Rosario, tantas veces avalado en la Iglesia y las apariciones aprobadas por la misma, una imagen, una estampa o una medalla.... Dentro del sentir de la Iglesia el culto a la Virgen es aquel que, fuera de la adoración a Dios uno y trino, es de los más antiguos de nuestra fe. Un culto de especial admiración, llamado hiperdulía, que no es más que el deseo de la Iglesia de amarla a Ella como la amó Nuestro Señor en la tierra. Sobre esto dice san Maximiliano Kolbe: Nunca amaremos lo suficiente a María, pues nunca la amaremos tanto como la amó Nuestro Señor.
Sin embargo, podemos caer en el desatino de considerar esta y otras devociones de nuestra fe como meras fantasías que alimentan un vano sentimentalismo, un deseo de habitar lejos de la realidad, olvidándonos del mundo en el que vivimos. Quien así entiende la devoción a María no ha visto sino con gafas obscuras la puerta de este palacio, que representa la devoción a la Madre de Dios dentro de la grandeza de nuestra fe católica.
Y, si esta es la puerta del palacio, ¿cómo sería este palacio internamente, sus salones, sus riquezas? ¿Cómo serían sus jardines y sus fuentes? ¿Cómo serían las costumbres y la exquisitez del trato entre los comensales? Si este es el portón de un palacio, ¿Cómo serían el Rey y la Reina que presidan el trono? ¿Cuál no sería la riqueza de la corona real, la belleza de su túnica?
Entonces, si esta devoción mariana nos invita profundamente a un compromiso cristiano con nuestra civilización, deberíamos entender que la Iglesia no espera como fin último un apocalipsis frenético de destrucción o una persecución inmisericorde que la erradicará la faz de la tierra. Esto ocurrirá, sin que sepamos el día ni la hora, pero también tienen un único objetivo: la venida del Reino de Dios.
Entonces, si esta devoción mariana nos invita profundamente a un compromiso cristiano con nuestra civilización, deberíamos entender que la Iglesia no espera como fin último un apocalipsis frenético de destrucción o una persecución inmisericorde que la erradicará la faz de la tierra. Esto ocurrirá, sin que sepamos el día ni la hora, pero también tienen un único objetivo: la venida del Reino de Dios.
"Venga a nosotros tu reino" rezamos en el Padrenuestro. "Reinará y su reino no tendrá fin", menciona el profeta Isaías en el antiguo testamento. No hace falta mencionar cuantas veces en la Biblia y la tradición se hablan de este reino. La espera de la Iglesia universal es a ese tiemplo glorioso donde las bienaventuranzas moldearán la cultura y a las naciones, donde, incluso aquí en la tierra, la Iglesia brillará con todo su esplendor.
Sin embargo nos preguntamos, ¿cuándo llegará ese reino? ¿cómo será? y, más importante, ¿CUANDO LLEGARÁ?
Citaremos entonces una joya de nuestra tradición, el Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, de San Luis Grigñón de Monfort. Pocos conocen, sin embargo, que el libro culmen de la espiritualidad monfortniana, el método para llevarnos a la perfecta consagración a Dios por medio de su Santísima Madre, también lleva por nombre Preparación para el Reinado de Jesucristo. Y no es una coincidencia.
La obra empieza de la siguiente forma: "Por medio de la Santísima Virgen María vino Jesucristo al mundo y también por medio de Ella debe reinar en el mundo."
Pero la meditación del Reino de María también se menciona en otros pasajes: "(#38) María es la Reina del cielo y de la tierra por gracia, como Cristo es Rey por naturaleza y por conquista. Ahora bien, así como el reino de Jesucristo consiste principalmente en el corazón o interior de los hombres, (...), del mismo modo el reino de la Virgen María está principalmente en el interior del hombre, es decir, en su alma."
El pasaje más exquisito, cuando consideraba los aspectos de este reinado maravilloso de Nuestra Madre:
¡Ah! ¿Cuándo llegará ese tiempo dichoso -dice un santo varón en nuestros días, ferviente enamorado de María-, cuándo llegará ese tiempo dichoso en que la excelsa María sea establecida como Señora y Soberana en los corazones, para someterlos plenamente al imperio de su excelso y único Jesús? ¿Cuándo respirarán las almas a María como los cuerpos respiran el aire? Cosas maravillosas sucederán entonces en la tierra, donde el Espíritu Santo -al encontrar a su querida Esposa como reproducida en las almas- vendrá a ellas con la abundancia de sus dones y las llenará de gracia. ¿Cuándo llegará, hermano mío, ese tiempo dichoso, ese siglo de María, en el que muchas almas escogidas y obtenidas del Altísimo por María, perdiéndose ellas mismas en el abismo de su interior, se transformen en copias vivientes de la Santísima Virgen para amar y glorificar a Jesucristo? Ese tiempo sólo llegará cuando se conozca y viva la devoción que yo enseño: “¡Señor, para que venga tu reino, venga el reino de María!”
En resumen, tenemos dos grandes certezas: la primera, que el Reino de Nuestro Señor, la razón de nuestra esperanza, vendrá acompañado de un tiempo glorioso también para la Virgen, Reina de los Corazones. Y la segunda: ese reinado llegará mientras más se conozca la consagración a su Inmaculado Corazón.
No es, por eso, coincidencia, que en Fátima, Portugal, hace ya 100 años, la Virgen Santísima haya pregonado incansablemente: Conságrense a mi Corazón Inmaculado. Y, frente al anuncio de grandes calamidades, haya consolado al pueblo cristiano con esta dulce promesa: "Al fin, mi Inmaculado Corazón triunfará."
¡Oh Corazón Inmaculado, esperanza de estos hijos tuyos! ¿Cuándo seremos dignos siervos tuyos? No mires nuestra decadencia, mira nuestro deseo y necesidad de ti, mira que sin tu auxilio, la Gracia se desperdicia en nuestras manos, el corazón se nos cierra a los grandes misterios de Dios y el camino se cubre de tinieblas. ¡Oh Corazón Inmacuado! Se nuestra guía y amparo hasta conocerte y amarte a plenitud, pues conociéndote y amándote, serviremos auténticamente a nuestro Dios.
Y tu, fiel cristiano, que lees estas líneas. ¿Qué harás por propagar estos misterios? ¿Cómo vivirás cada día más fielmente a este secreto que te ha sido revelado? Y, si por gracia y misericordia, ya lo conocías, ¿qué harás para no dejar pasar un día más de tu vida sin dejar de crecer en esta devoción grandísima al Corazón de la Reina, y si es a su corazón, también a su triunfo, y si es a su triunfo, también lo es al de su Hijo? Lánzate sin miedo a llamar al mundo entero a esta devoción, vívela con el amor y el temor que nos inspira tan grande responsabilidad. De nosotros depende que se acaben tantas calamidades, guerras e injusticias. De nuestras oraciones y nuestra vida, consumida como incienso frente al altar de Dios, dependerá esta venida gloriosa y la instauración de tan grandes verdades de nuestra fe. Sólo cabe recordar las palabras de nuestro Señor al respecto de grandes y profundísimas enseñanzas, como esta que nos ha llegado a ti y a mi por pura misericordia: "Lo que os digo en la oscuridad, habladlo en la luz; lo que oís al oído, proclamadlo desde las techos." (Mt 10,27).
¡Venga el Reino de Jesucristo! ¡Venga el Reino de María!
P. D. : Aunque el objetivo de esta entrada no sea explicar ampliamente la doctrina que enseña la Iglesia sobre la Virgen María y su culto, vale la pena dejar información para las mentes más curiosas: Magisterio Sobre la Santísima Virgen y Devoción a la Virgen
Sin embargo nos preguntamos, ¿cuándo llegará ese reino? ¿cómo será? y, más importante, ¿CUANDO LLEGARÁ?
Citaremos entonces una joya de nuestra tradición, el Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, de San Luis Grigñón de Monfort. Pocos conocen, sin embargo, que el libro culmen de la espiritualidad monfortniana, el método para llevarnos a la perfecta consagración a Dios por medio de su Santísima Madre, también lleva por nombre Preparación para el Reinado de Jesucristo. Y no es una coincidencia.
La obra empieza de la siguiente forma: "Por medio de la Santísima Virgen María vino Jesucristo al mundo y también por medio de Ella debe reinar en el mundo."
Pero la meditación del Reino de María también se menciona en otros pasajes: "(#38) María es la Reina del cielo y de la tierra por gracia, como Cristo es Rey por naturaleza y por conquista. Ahora bien, así como el reino de Jesucristo consiste principalmente en el corazón o interior de los hombres, (...), del mismo modo el reino de la Virgen María está principalmente en el interior del hombre, es decir, en su alma."
El pasaje más exquisito, cuando consideraba los aspectos de este reinado maravilloso de Nuestra Madre:
¡Ah! ¿Cuándo llegará ese tiempo dichoso -dice un santo varón en nuestros días, ferviente enamorado de María-, cuándo llegará ese tiempo dichoso en que la excelsa María sea establecida como Señora y Soberana en los corazones, para someterlos plenamente al imperio de su excelso y único Jesús? ¿Cuándo respirarán las almas a María como los cuerpos respiran el aire? Cosas maravillosas sucederán entonces en la tierra, donde el Espíritu Santo -al encontrar a su querida Esposa como reproducida en las almas- vendrá a ellas con la abundancia de sus dones y las llenará de gracia. ¿Cuándo llegará, hermano mío, ese tiempo dichoso, ese siglo de María, en el que muchas almas escogidas y obtenidas del Altísimo por María, perdiéndose ellas mismas en el abismo de su interior, se transformen en copias vivientes de la Santísima Virgen para amar y glorificar a Jesucristo? Ese tiempo sólo llegará cuando se conozca y viva la devoción que yo enseño: “¡Señor, para que venga tu reino, venga el reino de María!”
En resumen, tenemos dos grandes certezas: la primera, que el Reino de Nuestro Señor, la razón de nuestra esperanza, vendrá acompañado de un tiempo glorioso también para la Virgen, Reina de los Corazones. Y la segunda: ese reinado llegará mientras más se conozca la consagración a su Inmaculado Corazón.
No es, por eso, coincidencia, que en Fátima, Portugal, hace ya 100 años, la Virgen Santísima haya pregonado incansablemente: Conságrense a mi Corazón Inmaculado. Y, frente al anuncio de grandes calamidades, haya consolado al pueblo cristiano con esta dulce promesa: "Al fin, mi Inmaculado Corazón triunfará."
¡Oh Corazón Inmaculado, esperanza de estos hijos tuyos! ¿Cuándo seremos dignos siervos tuyos? No mires nuestra decadencia, mira nuestro deseo y necesidad de ti, mira que sin tu auxilio, la Gracia se desperdicia en nuestras manos, el corazón se nos cierra a los grandes misterios de Dios y el camino se cubre de tinieblas. ¡Oh Corazón Inmacuado! Se nuestra guía y amparo hasta conocerte y amarte a plenitud, pues conociéndote y amándote, serviremos auténticamente a nuestro Dios.
Y tu, fiel cristiano, que lees estas líneas. ¿Qué harás por propagar estos misterios? ¿Cómo vivirás cada día más fielmente a este secreto que te ha sido revelado? Y, si por gracia y misericordia, ya lo conocías, ¿qué harás para no dejar pasar un día más de tu vida sin dejar de crecer en esta devoción grandísima al Corazón de la Reina, y si es a su corazón, también a su triunfo, y si es a su triunfo, también lo es al de su Hijo? Lánzate sin miedo a llamar al mundo entero a esta devoción, vívela con el amor y el temor que nos inspira tan grande responsabilidad. De nosotros depende que se acaben tantas calamidades, guerras e injusticias. De nuestras oraciones y nuestra vida, consumida como incienso frente al altar de Dios, dependerá esta venida gloriosa y la instauración de tan grandes verdades de nuestra fe. Sólo cabe recordar las palabras de nuestro Señor al respecto de grandes y profundísimas enseñanzas, como esta que nos ha llegado a ti y a mi por pura misericordia: "Lo que os digo en la oscuridad, habladlo en la luz; lo que oís al oído, proclamadlo desde las techos." (Mt 10,27).
¡Venga el Reino de Jesucristo! ¡Venga el Reino de María!
Totus Tuus
P. D. : Aunque el objetivo de esta entrada no sea explicar ampliamente la doctrina que enseña la Iglesia sobre la Virgen María y su culto, vale la pena dejar información para las mentes más curiosas: Magisterio Sobre la Santísima Virgen y Devoción a la Virgen
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