Sobre cajas, matrioshkas y otras cerrazones sin Dios

Imaginemos por un momento una pequeña obra de títeres, donde los asistentes nos colocamos en un cuarto obscuro, sentados en bancas ordenadas de modo que no nos distraigamos. Se abre el telón y la trama comienza a desarrollarse entre animados colores, voces y risas.

Trabajemos un poco más el concepto y supongamos que abandonamos las bancas de la realidad y nos sumergimos en ese mundo de fantasía, donde nos colocamos junto a aquellos personajes de ficción y de trapos, compartiendo vidas, sufrimientos y aspiraciones, hasta parecernos más a ellos que ellos a nosotros. Esto es, haciendo que nuestra realidad se diluya y se acople más a su ficción de lo que esa ficción es capaz de  abrirse a la realidad.

¿De qué manera? Con sus elementos teatrales, repetidos muchas casi en su totalidad en el teatro, el cine y hasta la televisión: un adecuado juego de colores, la escenografía, el ambiente obscuro, los sonidos y sensaciones, los más nobles sentimientos reflejados en los títeres y actores, capaces de conmover desde esa ficción a un corazón de carne, junto con otros elementos que ambientan la escena. Todo encerrado bajo el efecto de una sala  o estudio cerrado por todos los lados, una auténtica caja de contención que no permite que los vestigios de la realidad externa afecten aquello que el director de la escena intenta transmitir.

El éxito de este tipo de industrias en todas las épocas de la humanidad nos hace pensar que el ser humano, por el mero hecho de serlo, tiene la inteligencia suficiente para cuestionarse la realidad en la que está viviendo, de manera que logra reunir los conocimientos que necesita para entenderla mejor.

Pero también, que tiene la facultad de negarla, rompiendo con ella, de modo que viva con tranquilidad en un mundo de fantasía, rechazando hasta el punto en que olvida lo que está fuera de esa caja y se conforma con una vida desde dentro del cartón.

Entonces, habrá ocasiones donde el director de la obra buscará reflejar la realidad o uno de sus aspectos, con el fin de culturizar o concientizar noblemente al público, o con el fin de darle una sana diversión. Sin embargo, si la escena distorsiona la realidad o la manipula, ¿tendremos la conciencia suficiente para despertar de ese ambiente cerrado y sus elementos teatrales o nos dejaremos llevar por la emotividad y el calor de un mundo de ficción, pensando que el mundo entero ahora reside dentro de esa caja, adecuando la Verdad a nuestra percepción de la realidad? 

Obra teatral: ZENIT - La realidad a su medida

Piensa el autor que han quedado atrás los días donde el teatro y el cine estaban restringidos a un espacio físico. Estas escenas fabricadas salieron de la pantalla y del telón, haciéndonos creer que vivimos en ellas. El universo tan limitado del teatro hoy se traslada a la vida diaria y rompe con la realidad. 

Como consecuencia, la humanidad entera se encuentra en una gran caja, con efectos especiales y grandes actores, donde definitivamente no entra ni un rayo de luz desde lo alto. Es la gran caja que niega a Dios y su función estelar: Una realidad sin Él, como si la humanidad que por si sola ha causado dos guerras mundiales, otras miles de guerras y genocidios, pobreza extrema, armas químicas y nucleares, violencia a todo nivel, depravación sexual y moral, todo tipo de esclavitud, maldad y barbarie pudiera redimirse a sí misma con falsa tolerancia, ciencia, técnica e irracional exaltación de la naturaleza en un mundo igualitario.



El mundo real necesita de Dios, tanto filosófica como espiritualmente. La realidad no se explica con la mera explosión de átomos y el misterio de la vida y conciencia humana no se puede restringir a un cúmulo de materia desechable. Dios existe aún para los que quieren negarlo, pero se difumina y se pierde de vista cuando compramos el boleto para esta función. Ya no es sólo el ataque a Dios y a su Iglesia, latente aun hoy, sino el sumirnos en un estado donde Dios es menos que un mito.

Y no ha bastado con ello, sino que aún en esta caja nos cubrimos de capas y capas tratando de acallar la voz de Jesús que desde la Cruz nos dice: Ya no puedo hacer más para demostrarte mi amor. 

Nos colocamos en el centro de una gran matrioshka, una muñeca tradicional rusa que se caracteriza por ser hueca y guardar en su interior una muñeca idéntica de menor tamaño, la cual también tiene otra muñeca en su interior, y así sucesivamente. 

Hoy en día tenemos capas y capas de realidades artificiales que nos impiden y nos alejan de Dios.  Ciertamente hay quienes han logrado salir de algunas de ellas, pero sólo los santos han logrado librarse de todas y mirar la realidad con la verdad de la fe.

¿De qué se compone esta matrioska? De miles de muñecas, cada una en medio de muchas otras y con un nombre específico. Nombres como "medios de comunicación", "cine y televisión", "nueva era", "igualitarismo", "naturismo y animalismo", "consumismo", "falsa concepción de belleza y del éxito", "diversiones malsanas", "cultura anti-vida", "matrimonio igualitario", "falsa metafísica", "tibieza", "codicia", "ocultismo", "ideología de género", "autoayuda y falsa superación personal", "marxismo cultural", "feminismo radical", "cultura anticlerical", "hipersexualización social", "integración religiosa", "leyendas negras de la Iglesia", "ilustración", "progreso", "estado laico", etc.


¿Cómo salimos de allí? Dios, que ama con intensidad a cada uno de sus hijos, nos ha dado dos medios infalibles. El primero la razón, la lógica, la inteligencia humana radicada en la madurez que nos permite oír la voz de la conciencia. El segundo, la Gracia divina que llega a nosotros por medio de la Redención, la fe y los sacramentos. Fuera de la gracia, la razón queda nublada y confundida y no podrá huir totalmente de esta cerrazón. Pero apoyado en la gracia, no se necesita ni superior inteligencia sino auténtica piedad cristiana, vida sacramental y la devoción a la Santísima Virgen María.

Y pensar que la respuesta es tan simple como volver a mirar a Dios y las verdades que enseña la fe católica.

Sólo la Gracia y sólo la Cruz de nuestro Señor son capaces de abrir nuevamente los horizontes  a la realidad y de romper definitivamente con esta cáscara que lo distancia de su más preciado bien: tu alma.


Crucifijo de la Iglesia de San Martin at Fuentidueña, España




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