Las horas antes de Navidad
Basado en una charla del Padre Emmanuel Marie V.S. en el retiro de adviento 2017:
Adviento en la Iglesia siempre ha sido una época de espera, una espera justamente para la venida de Cristo. De alguna manera el tener este tiempo para vivir con María la espera de su Hijo que viene; es una gran preparación para la segunda venida de Jesús. Es muy cierto que no sabemos el día ni la hora, pero sabemos que viene pronto! (Ap22, 20 “Dice El que da testimonio de todo esto: «Si, vengo pronto») Nos recuerda también el Apocalipsis que su venida esta cerca, leemos al inicio de este libro: “para manifestar lo que ha de suceder pronto”. (Ap 1,1) Lo que es cierto es que si el tiempo estaba pronto cuando san Juan escribió el Apocalipsis esta más pronto ahora que han pasado casi 2000 años.
Sin embargo, en más de una ocasión muchos hemos visto esta segunda venida de Jesús como un momento de temor. Como el momento de grandes catástrofes, de grandes calamidades. Pero también queremos desear esta segunda venida de Cristo, como lo hacían los apóstoles y los primeros cristianos. Creemos que Cristo va a venir en el momento menos esperado y que entonces debemos estar siempre preparados porque en cualquier hora El podría llegar. Y en cierto sentido esto es cierto pues Jesús dice que vendrá como un ladrón en la noche (Mt 24, 42-44). Entonces, ¿cómo conciliar esto? ¿Cómo desear verdaderamente y con total sinceridad la venida de Cristo? Este deseo que solo sera sincero si es que lo deseamos sin temor alguno; cosa que en este tema suele ser muy difícil de quitar. Pues siempre hay un cierto temor a esta segunda venida del Mesías.
Quizás la clave está en una de las cartas de san Pablo: “Vosotros mismos sabéis perfectamente que el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche. Cuando digan: «Paz y seguridad», entonces mismo, de repente, vendrá sobre ellos la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta; y no escaparán. Pero vosotros, hermanos, no vivís en la oscuridad, para que ese Día os sorprenda como ladrón, pues todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas5.” San Pablo deja claro que para nosotros ese día no nos ha de sorprender. Que para nosotros los hijos de la luz. (Ef5, 8 “Porque en otro tiempo fuisteis tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor.”) Cristo no vendrá como un ladrón. Y para aclarar más veamos como el Apocalipsis nos relata esta segunda venida: “El Espíritu y la Novia dicen: «¡Ven!» Y el que oiga, diga: «¡Ven!» Y el que tenga sed, que se acerque, y el que quiera, que beba gratis del agua de la vida (Ap22, 17).” La Novia, es decir la Iglesia, pide esta segunda venida de Jesús. Y lo hace con el gozo con que la novia espera a su novio, a su esposo. Seguramente esta era la forma en que los apóstoles vivían este deseo de la segunda venida de Jesús. Para ellos no era un extraño el que iba a venir, ni tampoco un juez, tampoco alguien que venía a verificar que tengan una vida perfecta; para los apóstoles el que viene es mucho más que eso. Para ellos Aquel que esta por venir es primera y verdaderamente su amigo (Jn15, 15 “No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que oído a mi Padre os lo he dado a conocer”). Y María seguramente vivía de este deseo de una manera mucho más clara y pura. Pues nadie ha esperado este encuentro como la Virgen Madre de Nazareth que lo llevó nueve meses en su seno.
Recordemos que Jesús dijo a los fariseos en una ocasión, cuando ellos pedían una señal, que debemos aprender a discernir los signos de los tiempos (Mt16, 3 “¡Con que sabéis discernir el color del cielo y no podéis discernir las señales de los tiempos!”). Es curioso que en este año el adviento sea algo tan rápido. Pues si vemos bien la cuarta semana de adviento apenas durará unas horas. Pues el cuarto domingo de adviento, en esta ocasión es 24 de diciembre, y en la noche será ya la vigilia de la Navidad. Haciendo que la cuarta semana del adviento sea apenas de unas horas. Esto nos hace ver de una manera muy bella la prisa que Jesús tiene de venir. La prisa del Esposo. Esta prisa de Cristo por salvar al género humano. Esta prisa en la cual incluso María es tomada y sale con prontitud a visitar a su prima Isabel: Lc 1, 39 “En aquellos días se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa de Judea”. Esta prisa que acompañará a Jesús hasta la cruz. Y por eso a pesar de que El es el único que podía decidir el momento de su muerte (Jn 10, 18 “Nadie me quita la vida; yo la doy voluntariamente”), en esta prisa por salvar al género humano entrega su vida antes que los dos crucificados a su lado (Jn 19, 33 “Pero al llegar a Jesús como lo vieron ya muerte no le quebraron las piernas”). Debemos nosotros también entrar en esta prisa de Cristo por su segunda venida. Y desear junto con María que el Esposo venga pronto a alegrar a su novia.
Nuestra madre la Iglesia en su sabiduría nos prepara a la segunda venida de Jesús con este tiempo de adviento donde esperamos a Jesús que nace como un bebe. Para que nos quede claro que su segunda venida no es algo de temor, sino más bien de ternura y alegría. Pues, ¿quién tiene miedo de un indefenso recién nacido?Pidamos en estas pocas horas que nos quedan a María que nos ayude a entrar en su pobreza para llenarnos de alegría con este don que nos es dado. El momento en el que Dios deja los cielos para hacerse uno de nosotros en la carne. Cuando el secreto del Padre, el Verbo eterno del Padre; venga a alumbrar a los que vivimos en tinieblas y en sombras de muerte para conducirnos por el camino de la paz (Lc1, 79). Pidamos a la Virgen Madre de Nazareth que nos permita compartir del gozo de su corazón al ver por primera vez los ojos al niño Dios y descubrir en El la mirada del Padre sobre Ella.

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