Santa Marianita: recordando a una heroía

Compartimos con nuestros lectores lo que pretendemos sea una justa exaltación a una verdadera heroína de la Patria ecuatoriana, en una época donde se exalta una feminidad tergiversada y manipula la historia para hacernos creer que los sanguinarios ateos del pasado fueron los que formaron este país.
¡Nada más alejado de la verdad!
No fueron sino estas almas santas, temerosas de Dios y valientes para vivir la caridad las que marcaron y siguen marcando nuestra historia, aunque haya gobiernos que quieran destruir su memoria. Para mantener esa memoria íntegra y poder imitar convenientemente la vida de esta gran santa ecuatoriana, compartimos con nuestros lectores una homilía del actual Nuncio Apostólico del Ecuador, Mons. Andrés Carrascosa, esperando que sea de gran beneficio espiritual:
Hermanos, cuando celebramos a un santo, en realidad, celebramos la Santidad de Dios que se refleja en la vida de una criatura. Cuando Dios nos hace encontrarnos con un santo, como es hoy el caso con Santa Marianita de Jesús, que es como la expresión de un aspecto particular de la vida cristiana, ella nos ayuda y subraya con otra luz la vida que el Eterno Padre ha pensado para nosotros. La Iglesia es un Cristo majestuoso, que se despliega a través de los siglos; en el que la variedad de los santos y de los carismas corresponde a la variedad de las palabras del Evangelio que ellos ponen en práctica de manera ejemplar. Los santos nos llaman a imitarlos, a seguir su secuela en el seguimiento de Jesucristo, como auténticos discípulos. Santa Marianita no hizo proezas a los ojos del mundo, sólo amó mucho y lo demostró con una vida cotidiana coherente, y su amor y entrega al Señor y la ofrenda de su vida por sus hermanos le valió ser declara heroína de la Patria por el Congreso del Ecuador en el año 1946.
De Santa Marianita impresiona su amor a Dios, se diría que de una manera totalitaria. Suponer a Dios en el primer lugar de la vida, ése que es el primer mandamiento: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con todo tu ser. Ella busca a Dios de manera apasionada, enamorada, sobre todo en la oración y en la Eucaristía, y de su encuentro con Dios en la Eucaristía de cada día aprendió a vivir de tal manera que Cristo mismo actuase en ella y a través de sus obras. La santidad, nos acaba de recordar el Papa Francisco el miércoles pasado, significa dejar actuar a Cristo en nosotros; que Sus pensamientos sean nuestros pensamientos, Sus sentimientos sean los nuestros, y que elijamos comportarnos como Él lo hizo. La santidad es hacer como hizo Cristo y San Pablo nos lo explica con precisión hablando de su asimilación a Jesús: “He sido crucificado con Cristo y ahora no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Lo que vivo en mi carne lo vivo en la fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí (Gal 2; 19-21). ” Pues la experiencia de Pablo es la misma de Santa Marianita, y su vida ilumina la nuestra.
En la medida en la que mortificamos nuestro egoísmo, es decir, en la medida en la que hacemos morir en nuestra vida todo aquello que se opone al amor de Jesús y a su Evangelio, se crea dentro de nosotros un espacio mayor para la potencia de Su Espíritu. Decía el Papa Francisco el miércoles pasado en la audiencia general: “Los cristianos somos hombres y mujeres que se dejan ensanchar el alma con la fuerza del Espíritu Santo tras haber recibido el Cuerpo y la Sangre de Cristo. ¡Qué gran ejemplo el de esta joven laica para todas las vocaciones en la Iglesia! Para los laicos, sí, pero también para los consagrados, para los sacerdotes, para los obispos. Una vida que no se gasta en exterioridades sino que se vive en unión con Dios; una vida que sabe ir a lo esencial.
Una palabra de Jesús que me impresiona cada vez más es su llamado a dar fruto; y es que esta pseudo-cultura moderna en la que vivimos nos hace entrar por las rendijas del alma la lógica contraria, la lógica mundana, como diría el Papa Francisco, del propio Yo, del individualismo, del éxito… Todas ellas cosas que se opuso Santa Marianita de Jesús en su vida. También a nosotros nos hace mucho daño la búsqueda de la exterioridad, de la apariencia, del éxito mundano. El Señor no nos ha enviado para que vayamos y tengamos éxito. La palabra “éxito” no aparece en el Nuevo Testamento y del Antiguo Testamento la recuerdo sólo en el cuarto canto del Siervo de Yahvé: “Mi siervo tendrá éxito (Is 52; 13)”, pero se refiere a la Cruz, se refiere a dar la vida, como hace entender el texto posterior, que leímos el Viernes Santo. El Señor nos ha llamado para que vayamos y demos fruto, y la diferencia es que el éxito lo busco porque al final me lo como yo, mientras que el fruto que damos se lo comen los demás.
Santa Marianita entendió bien el llamado a dar fruto, entendió la lógica de Jesús que es la lógica de la Cruz, la lógica del grano de trigo que si no muere queda estéril pero que si muere y aparentemente se pierde, da mucho fruto. Ella entendió que quien trata de salvar su vida la pierde pero que quién la pierde por Jesús y Su Reino, la encuentra y ésta dura para la Vida Eterna (Mt 10; 39).La vida de Santa Marianita nos habla de ser totalitarios en la entrega al Señor, nos hace entender, ella que es una laica, que esa llamada viene de nuestro Bautismo, a partir del cual no nos pertenecemos. La vida de Santa Marianita nos habla de coherenciaentre la fe y la vida porque nada hace más daño a la misma persona, a la Iglesia, y al mismo Dios que la doble vida.
El Papa Francisco acaba de publicar la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate, “alegraos y exultad”, sobre la santidad. En ella nos dice que Dios nos quiere santos y espera que no nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada, y nos recuerda, como decía el Concilio, que todos los fieles cristianos de cualquier condición y estado somos llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre. Santidad que consiste, como vemos en la vida de Santa Marianita, en realizar acciones ordinarias de manera extraordinaria; amando como Cristo nos amó. Dice el Papa: todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí, donde cada uno se encuentra, y el Papa habla de la santidad “de la puerta de al lado”, de la “clase media de la santidad” que se refleja en el pueblo de Dios paciente en medio de las vicisitudes y las pruebas de la vida de cada día. El Papa Francisco nos propone cinco notas de la santidad en el mundo actual, entre ellas, el estar centrados, el estar firmes en torno al Dios que ama y que sostiene, y desde esa firmeza interior es posible aguantar, soportar las contrariedades, los vaivenes de la vida y también las agresiones de los demás, sus infidelidades y defectos sin devolver a nadie mal por mal, sin querer hacerse justicia por vuestra cuenta y sin dejarse vencer por el mal sino vencer al mal con el bien; y esa actitud, dice, no es expresión de debilidad, es expresión de la verdadera fuerza.
La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana está lanzando la Misión Familia, iniciativa que intentará llevar la buena noticia del Evangelio de Jesús, el Evangelio de la familia a todas las familias del país. Queremos hoy ofrecerla en la patena de la Misa y pedir a la primera Santa del Ecuador que se haga intercesora ante Dios para que el pueblo ecuatoriano, para que cada familia se beneficie de esta Misión.
Santa Marianita, por consejo de sus confesores, se hizo terciaria de San Francisco de Asís, mientras se consideraba discípulo espiritual de Santa Teresa de Ávila y al mismo tiempo, se sentía hija de la Compañía de Jesús.
Que el ejemplo de su vida, y la fuerza de su intercesión ayuden a la vida religiosa de Ecuador, a cada uno de los consagrados a vivir su consagración con radical fidelidad al Evangelio.
Hermanos y hermanas, que el Señor nos ayude a todos a avanzar por el camino que Santa Marianita vivió y que con su vida nos propone en este cuarto centenario de su nacimiento a la vida terrena, de modo que un día nos reciba en el Cielo, a donde todos estamos llamados a llegar. Amén.
Tomado del sermón del Nuncio Apostólico de Quito en el Carmen Alto el 10 de abril 2018. Comienzo del Año Jubilar por los 400 años de la muerte de la Azucena de Quito.
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