Abusos sexuales y la Iglesia Católica en el Ecuador

¿Cómo abordar un tema tan delicado como el que nos proponemos en esta entrada, los abusos sexuales que han escandalizado al país en las últimas semanas?

Primero: con un espíritu de gran confianza en Dios

Cuando nos aproximamos a una realidad dolorosa en el seno de la Iglesia, es importante reflexionar primero sobre la naturaleza y misión de la Iglesia Católica:

"Es característico de la Iglesia ser, a la vez, humana y divina"
(Sacrossantum Concilium, 2)

(...) La Iglesia encierra en su propio seno a pecadores, y siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificación, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovación.
(Lumen Gentium, 8)
La humanidad de la Iglesia, la debilidad, incluso la maldad de entre quienes hacemos parte de Ella no debe ser para nosotros motivo de sorpresa, sino más bien de profunda introspección. Por el misterio de la Comunión de los Santos, todos los bautizados pertenecemos a esta Iglesia que hoy sufre por sus hijos infieles. El mismo Redentor nos da, sin embargo, el motivo de nuestra esperanza:

 “Jesucristo amó a su Iglesia y se entregó para santificarla, a fin de hacerla santa e inmaculada” (Ef 5, 27)

Sabiendo que la Iglesia tiene una realidad humana, necesitada de santificación, podemos mirar con claridad estos acontecimientos. Sin embargo, la claridad y la esperanza de redención no hace estas realidades menos dolorosas, ni tampoco hace que debamos ocultar o callar las vergüenzas de quienes desfiguran el rostro de Cristo.

Finalmente, considero que se debe congeniar el justo reclamo que, frente a estos escándalos, recorre la sociedad: "Apartáos malditos de mi Padre" con la enseñanza de la auténtica humildad de Nuestro Señor: "Quien esté sin pecado, que arroje la primera piedra".

Una sociedad hipócrita es aquella que descarga exteriormente su furia contra el chivo expiatorio, mientras en su interior se deleita con los mismos ilícitos placeres.

Dicho esto, tampoco puede olvidarse que la justicia, humana y divina, debe caer sobre los culpables pero a la vez manteniendo la conciencia de que en la Iglesia Católica no deja de brillar la luz de la Verdad y la Fe encomendada por Cristo a pesar de tantas infidelidades de sus miembros.


Segundo: con los hechos comprobados del tema

Hemos escuchado múltiples y escandalosos casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes, algunos de hace varias décadas, pero ¿cuántos son en realidad?

En Cuenca tenemos el caso del Sacerdote Cesar C., actualmente de 92 años de edad, acusado de al menos cinco abusos sexuales a niños en instituciones educativas hace más de 50 años, motivo por el cual fue cesado de sus funciones como sacerdote, se le retiró la facultad de administrar sacramentos públicamente y se le prohibió hacer declaraciones. Una estatua que lo conmemoraba como fundador de la Universidad Católica de Cuenca fue retirada de la Basílica de esa ciudad al conocerse estas denuncias, las que se hicieron públicas luego de que Jorge Palacios, una de las víctimas, rompiera el silencio y se organizara una marcha exigiendo el pronunciamiento de la Iglesia.

La reacción de la Arquidiócesis de Cuenca fue inmediata en cuanto a los estudios, informes y veredictos en relación a estos casos. El sacerdote chileno Jaime Ortiz, delegado por el Vaticano, fue el responsable de la investigación. En un comunicado, la Arquidiócesis pidió perdón a las víctimas por estos escándalos y reiteró las sanciones al sacerdote. No se avanzó en instancias penales debido a la prescripción del delito, pero si se envió el caso a Roma para ser analizado.


Sin embargo, el caso ha mantenido vigencia dado que se publicó en una revista, de forma ilegítima, las declaraciones del anciano sacerdote frente a las acusaciones que se le imputan. Frente a esta falta de seriedad en el proceso por parte de los investigadores, la Arquidiócesis envió un nuevo comunicado deslindando responsabilidad y denunciando la falta de seriedad en el proceso, así como la amonestación realizada al sacerdote por las declaraciones:

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En Guayaquil existen dos casos actuales, por ejemplo, el de las denuncias contra el Sacerdote Fernando I., acusado de abuso a nueve menores de edad. Es el caso más escandaloso, difundido también bajo la sesgada óptica del portal GK , puesto que las denuncias señalan la realización de un acto depravado denominado por el sacerdote como "dinámica del pecado", que incluía vendar, amarrar y dejar a los menores semi desnudos para luego ser tocados (nunca en zonas genitales), golpeados o electrocutados en una cama a solas en la habitación del sacerdote. En el curso de las investigaciones, no se logró determinan que durante los actos haya habido contacto en la zona genital, por lo que se estaba resolviendo la denuncia dentro de la Arquidiócesis bajo la figura canónica de "conducta inapropiada con menores de edad", pero ese es apenas el término para referirse al hecho, no es deseo de reducir la gravedad del crimen que se estaba cometiendo, como pudo parecer, tal vez, de forma desatinada.

A pesar de que se está resolviendo el juicio para suspender al sacerdote definitivamente de sus funciones, la respuesta de la Iglesia incluyó medidas cautelares desde las primeras denuncias en 2013, como la suspensión de sus funciones y suspensión para ejercer la docencia.

Este caso salió a la luz pública por el ya mencionado portal GK. Las acusaciones incluyen dos procesos prescritos en Fiscalía y ocho denuncias en la Arquidiócesis. Se habla de veinte otras denuncias y hasta sesenta supuestas víctimas.

Adicionalmente, el Sacerdote Pedro G., párroco en el sur de Guayaquil, fue declarado culpable por un tribunal penal y la sentencia, aún no determinada, oscila entre los 24 y 27 años. Aunque la denuncia fue de una sola persona, se estima un total de 10 abusos por parte del sacerdote, el cual fue suspendido por la Iglesia y estuvo prófugo varios meses.

En total, son tres casos con repercusión en los medios de abusos sexuales por parte de sacerdotes en dos ciudades del país en el transcurso de pocos meses. Uno ya con sentencia penal, otro con medidas eclesiásticas ante la prescripción de los delitos cometidos hace más de 50 años (el único del cual no se tenía conocimiento hasta hace poco) y el tercero con medidas eclesiásticas impuestas desde 2013 y denuncias aun por resolverse en fiscalía.

No debería ser ninguno, pero son tres.


Tercero: con conciencia del momento que vive nuestro país en su movimiento social y político
No se debe considerar con ingenuidad que la hinchazón mediática sobre estos casos haya sido inocente. Dejando muy en claro la postura firme de la Iglesia contra los abusos sexuales por parte del clero y la necesidad de que los casos denunciados sean investigados y penalizados civil y eclesiásticamente, nos proponemos a hacer un análisis global de este asunto, a fin de ubicarlo en el contexto social y político en el cual estallaron estas denuncias.

Uno de los elementos más importantes a tomar en cuenta es el enfrentamiento legal y político que lleva el oficialismo contra los principios que la Iglesia y la recta razón establecen como fundamentales: la vida y la familia.

Desde el mandato del ex presidente Correa hasta el actual mandato de Moreno, se ha buscado implementar agendas ideológicas contra la familia natural y políticas "progresistas" respecto de temas como la anticoncepción (incluso en menores de edad), eutanasia, dosis permitida de sustancias, vientres de alquiler, educación sexual en materia de género, despenalización del aborto, etc.

El avance de grupos feministas radicales, GLBTIs y, en general, de izquierda, ha sido durante los últimos meses abismal, a pesar de la gran resistencia de un millón de ecuatorianos que marcharon contra la educación sexual explícita y de género en los colegios.

Previo a la polémica Ley de Violencia de Género y Violencia contra la Mujer, hubo un estallido de casos de femicidio en los medios de comunicación. La audaz solución de Moreno fue esta ley que indica que los colegios deben implementar, desde el nuevo año lectivo, la ideología de género en todas sus materias.

Además, el Código de la Salud actualmente debatido en la Asamblea, está a punto de permitir los vientres de alquiler y el aborto solapado en nuestro país. Esto sin mencionar el caso Satya, una niña hija de una pareja de lesbianas que recibirá el apellido de ambas, inaugurando un desfile de "nuevas familias" que no tardarán en exigir semejantes "derechos".

¿Quién los detiene? Pues la única fuerza aún capaz de mantener la postura frente a estas ideologías: la Iglesia Católica. ¿Por qué entonces, no es casualidad que sea la Asambleísta transexual y activista GLBTI Diane Rodriguez estrene el "Comité contra la tortura, acoso y violación por parte de la Iglesia en Ecuadorcomo respuesta a estos abrumadores tres sacerdotes? Un comité es necesario para el análisis de estos casos, pero ¿quien garantiza la parcialidad de quienes salen a las calles a gritar e insultar contra la Iglesia en sus propios templos?

Además, vale la pena preguntarse ¿por qué el portal GK, el primero en levantar las acusaciones ya sentenciadas desde 2013 contra el sacerdote Fernando I. buscó relacionar a este sacerdote con todo el movimiento pro vida del Ecuador?

Se trata de parte de una campaña de deslegitimación, para embadurnar las puertas de la Iglesia de Cristo con una bomba mediática para luego salir con una solución que sacie la sed de sangre del pueblo escandalizado. Además, se buscará hacernos agachar la cabeza a quienes sabemos que la Iglesia tiene esta dimensión humana, y habrá muchos quienes no tengan la entereza ni la información suficiente para seguir defendiendo su fe.

¿Qué vendrá mañana, cuando los colegios católicos comienzen a seguir instancias legales para evitar tener que enseñar a sus alumnos como tener relaciones homosexuales o cómo usar la píldora del día después? ¿Se buscará quitar la educación católica privada? ¿Habrá más persecución hacia la Iglesia como la que tuvo la Conferencia Episcopal en instancias legales ante la marcha #ConMisHijosNoTeMetas? ¿Cuándo se detendrá este escarnio mediático, ante cual triunfo del bando contrario?

Estas son preguntas que nuestros lectores no pueden dejar de lado, pues ciertamente son dolorosos los casos de infidelidades, aún más si son de miembros del clero, pero no nos exime de vivir y predicar la Verdad.

Cuarto: con la claridad y certeza de la reacción de la Iglesia ante estos hechos.

Como hemos determinado, en todo los casos que han salido a la luz últimamente, la Iglesia siempre ha llevado la posta de la investigación, seguimiento y reparación a las víctimas.

Habiéndose asentado estos temas, la propia Conferencia Episcopal en un comunicado fue la que se encargó de dar la reacción definitiva y contundente de la Iglesia para estos casos. Expresando rechazo a estos delitos, solidarizándose con las víctimas y dispuestos a tomar medidas, penales, eclesiásticas actuales y preventivas, para erradicar estos casos y detener a los imputados, es como la Conferencia Episcopal quiere esclarecer estas situaciones tan dolorosas para la Iglesia.

En ese sentido, la Iglesia Católica no ha escatimado en investigar y llevar estos casos hasta las últimas consecuencias. No ha existido encubrimiento ni se tomaron las denuncias a la ligera. La Iglesia claramente determina los pasos a seguir en casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes: primero la denuncia, segundo la investigación, tercero el Juicio de la Congregación para la Doctrina de la Fe en el Vaticano y finalmente el decreto del Obispo dictaminando la sentencia, pudiendo aplicarse medidas cautelares en cualquier momento del proceso. También los obispos han dicho que este procedimiento no exime el que se pueda seguir a los implicados juicios civiles o penales, pues no tienen ningún tipo de inmunidad o privilegio.

 Conclusiones

Para quienes busquen acabar con la Iglesia y sus principios, no habrá medidas suficientes. Para quienes seguimos bajo la protección de esta Madre y Maestra nos toca depurarla, desde nosotros mismos, de aquellas malas inclinaciones que desencadenan estos actos deplorables. Y también nos toca a nosotros salir a defender a esta Madre, que no sólo está afligida por la infidelidad de sus hijos, sino que sigue siendo calumniada y odiada por muchos. ¿Quién la defenderá? ¿Quién aún tendrá fuerzas para predicar a Cristo? ¿Quién se unirá a la Virgen Santísima, madre y modelo de la Iglesia, para proteger sus intereses y cuidar que sus derechos sean respetados? Ya no es posible llorar sobre la leche derramada. En estos tiempos de tanta tribulación e infidelidades, sólo nos queda confiar en María Santísima y buscar contrarrestar la maldad con auténtica santidad.

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