Reflexiones del encierro: Día 1

Voy a continuar con una serie de comentarios a la situación actual por este medio, en parte por la importancia del tema y en parte porque si las proyecciones son auténticas podríamos permanecer en cuarentena durante varias semanas y vale la pena estar comunicado y ocupado.

Tal vez podemos comenzar por ahí: durante meses tal vez ninguno de nosotros pensó que el virus proveniente de China nos iba a afectar como a ese país. Hasta hace semanas todo en el mundo seguía como si no existiera. Hoy mismo por la mañana muchas personas ni siquiera estaban enteradas de que se suspendía el transporte público y los trabajos, de que habría multas por salir a pasear o que ya no podrían visitar su restaurante favorito. 

Las medidas no son técnicamente precisas pero el mensaje si es claro: hay que suspender toda actividad fuera de casa que no sea indispensable: servicios de salud y abastecimiento de primera necesidad. ¿Qué pasará con las personas que viven de un ingreso diario? ¿Cómo van a continuar las familias cuando en un par de semanas los ahorros de agoten? ¿Qué ocurre con todo el que no tiene una computadora, una conexión a internet o un oficio que le permita trabajar en casa? Hoy más que nunca hay que agradecer tener estos "lujos" que ahora son indispensables y pedir por y extender la mano a quienes no han tenido esa fortuna.

Eso me lleva a una segunda reflexión, y es el aprendizaje que esta situación del virus nos está dejando. Considero que es una de las pocas emergencias mundiales que puede poner a todos en riesgo. En una guerra siempre hay un grupo privilegiado, siempre hay ganadores y perdedores. Hoy no. Todos podemos quedar contagiados: ricos y pobres, nobles y plebeyos, blancos, mestizos, negros, indios, mulatos, de "buena" o de no tan buena familia... Esta emergencia diluye esas categorías (no se si buenas o malas) y nos permite mirarnos con empatía, como seres humanos: yo también puedo contagiarme. 

Yo también puedo ser ese que está pensando como sacar adelante en las próximas semanas mi negocio, mi empresa, mi tienda, mi aerolínea, mi mecánica, etc.. Yo también puedo ser ese que pierda a mis abuelos, a mis padres, a mis seres queridos con mayor fragilidad de salud. En China el modelo económico individualista los permitió sobrevivir de sus ahorros, aquí la solidaridad es la primera en despuntar sabiendo que todos estamos expuestos y no tenemos nada comprado. Nunca antes había podido llegar ante cualquier persona y compartir esa preocupación en la calle, en la caja, en la parada del bus, en la gerencia del banco, en la oficina. Es una gran lección de fragilidad y de humanidad. De alguna manera aunque encerrados, todos tenemos a muchos familiares y amigos en mente.

Otra lección que deja esta amenaza es la necesidad de reflexión. El día ajetreado, las cuentas por pagar, el trabajo, las obligaciones, los plazos, todo conspira contra un ser humano que ha perdido su dimensión trascendental, espiritual. Yoga para relajarse y poder trabajar más, couching y deporte para despejar la mente y ser más productivo. Hoy el mundo nos detiene: no sales, no hay reuniones, no hay plazos, a duras penas hay obligaciones. El hombre consumido por los quehaceres pierde un norte, se angustia. El hombre que tiene claridad en su fin está preocupado pero no duda en compartir con su familia, en apagar un rato las noticias para cuidar de su jardín, en aprender a tocar un instrumento, un idioma, en ver fotos antiguas, en contar historias de su familia. 

Vamos a continuar con estas reflexiones porque las medidas continuarán. Aprendamos de los países que ya fueron golpeados, Europa, Asia, a protegernos a nosotros y a nuestros seres queridos y a aprovechar el tiempo privilegiado que tenemos para recentrar nuestra vida, volver a establecer prioridades y sobretodo fijarnos que estamos en esta vida tan corta para algo más.  

  

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Nuestra Señora de Guadalupe